LA OBRA DEL EVANGELISMO PERSONAL DEMANDA FE — Pbro. César H Casillas Molina

E l evangelismo personal, según la definición de Gilberto Abels, es tener con una persona una conversación acerca del destino de su alma y su relación con Dios. Es enfrentar a la persona con su condición perdida en pecado y enseñarle el perdón que el Señor le ofrece por medio de la cruz. Es dar a la persona una oportunidad de poner su fe en Jesucristo y recibir el perdón de pecados, para obtener la vida eterna.

El creyente que aspira a llevar almas a Cristo es catalogado por las Escrituras como sabio (Proverbios 11:30), el Señor Jesucristo afirmó en el capítulo 15 del Evangelio según Juan que todo aquel que lleva fruto, lo limpiará para que lleve más fruto (v. 2); que si permanecemos en el llevaremos mucho fruto (v. 5); y cierra la enseñanza diciendo que el Padre celestial será glorificado si llevamos mucho fruto (v.8) y la mejor forma de llevar fruto es a través del evangelismo personal.

Todos los métodos evangelísticos tienen su lugar y Dios en su soberanía puede usar cualquier estrategia para llevar personas a su reino y fortalecer su iglesia. Sin embargo, el mandato sigue siendo que todos los creyentes vayamos y prediquemos a toda criatura. De hecho, de acuerdo a la experiencia de muchas congregaciones, una gran mayoría de personas se han convertido porque un creyente los evangelizó.

En lo personal, uno de mis hermanos menores aprovechó todas las oportunidades que tuvo y en un período de nueve meses me evangelizó usando todos los medios que se le presentaban, hasta que un bendito día tomé la decisión de recibir a Cristo en mi corazón pidiéndole perdón por mis pecados y reconociendo que su sacrificio era el único medio de redención y que él es el único camino a la vida eterna.

El sacerdocio personal es una de las esmeraldas de los evangélicos. El crecimiento de las iglesias cristianas y sobre todo de los pentecostales en el mundo descansa sobre la premisa de que todo creyente es un ministro. Somos real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios con el propósito específico de anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9, 10). El creyente que es enseñado de esa manera será un ganador de almas; en consecuencia las ovejas se multiplicarán y el rebaño crecerá. Enseguida considero algunos tópicos importantes acerca de la fe que debe acompañar al que evangeliza personalmente:

Fe en la Palabra que se predica

A todo creyente Dios le demanda fe en todos los aspectos de la vida cristiana. La epístola a los Hebreos se encarga de describir la fe como la certeza de lo que se espera, así que todo creyente debe presentarse con los que no conocen a Cristo creyendo que cuando hable la Palabra de Dios, esta Palabra que es viva y eficaz, penetrará hasta lo profundo de cualquier individuo a quien se le predique y descifrará aun los pensamientos y las intenciones de su corazón.

Fe en la obra del Espíritu Santo

El Señor Jesús, antes de Pentecostés aseguró que el Espíritu Santo tendría la virtud de convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8), así que el evangelizador debe creer que no va solo, que él únicamente tiene que entregar el mensaje salvífico y que la obra de convencer al inconverso le corresponde al bendito Consolador.

Fe en el respaldo del Señor

Al evangelizar personalmente debemos depositar la confianza en lo que la Biblia ofrecía a aquellos primeros cristianos. A los hebreos se les escribió deseando que Dios los hiciera aptos en toda buena obra (Hebreos 13:21), y no hay mejor obra que dar la oportunidad de salvación a cualquier ser humano. Confiemos en que seremos capacitados, recordemos a los discípulos que luego de que Cristo ascendió, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían (Marcos 16:20).

Fe en que las señales nos seguirán

Es bueno ver que las señales siguen a los evangelistas y pastores, pero cuando el creyente aprende que esas señales también lo seguirán a él, suceden cosas maravillosas. En el evangelismo personal debemos aprovechar todas las oportunidades de orar por los enfermos. En casas, en hospitales y en cualquier lugar veremos manifestarse el poder de Dios.

Fe en el amor que Dios tiene por todas las personas

Siempre debemos considerar que cualquier persona es candidato para evangelizarlo. A veces los perjuicios religiosos o de otra clase nos detienen para compartir las buenas nuevas a cierto tipo de personas. Pero el Señor nos dejó ejemplos al acercarse a la mujer adúltera, la fornicaria samaritana, el ladrón Zaqueo, el religioso Nicodemo y el delincuente que estaba siendo ejecutado en la cruz; todos fueron candidatos para hablarles del amor de Dios. En mi época de recién convertido escuché al Pbro. Vidal Valencia enseñarnos a evangelizar persona a persona con cinco conceptos básicos, los cuales sirvieron para que la iglesia donde me convertí creciera a un ritmo más acelerado que el resto de las congregaciones de mi ciudad.

En forma resumida presento esos conceptos:

  • Reconocer que todos somos pecadores, lo cual nos separa de Dios y nos conducirá al infierno si no nos arrepentimos (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:10, 23; 6:23).
  • Reconocer que Dios ama a todos los hombres sin importar su condición pecaminosa (Juan 3:16; Romanos 5:8; 1 Juan 4:9, 10).
  • Reconocer que Cristo sufrió y murió en lugar tuyo (no sólo como un hecho histórico o por toda la humanidad, sino en mi lugar para pagar por mis pecados) (1 Pedro 1:18, 19; 2:24; 1 Juan 1:7).
  • Reconocer que la salvación es por fe en nuestro Señor Jesucristo y no por buenas obras (Efesios 2:8, 9; Tito 3:5-7).
  • Reconocer la necesidad de pedir perdón por los pecados y recibir en el corazón a Cristo como su suficiente salvador (Juan 1:12; Efesios 3:17).

Desde luego que lo anterior no es una fórmula mágica, pero si el creyente lo memoriza y se aprende los textos, será usado por el Espíritu Santo quien lo guiará con el discernimiento necesario para compartir el evangelio a cada persona. A veces pienso que el problema radica en que le decimos al creyente que evangelice, pero no le enseñamos cómo. Los conceptos anteriores constituyen una enseñanza sencilla que puede ayudar a compartir de Cristo a muchos. El evangelismo personal no consiste en invitarlos al templo, en recomendar el ambiente de la iglesia, ni presumir la buena persona que es el pastor, o todo lo que Dios le dará si se entrega a Cristo. Todo esto, en su tiempo dará un buen testimonio delante de los inconversos, pero si queremos tener convertidos en la iglesia debemos seguir predicando ese evangelio de confrontación de los hombres con su pecado para que perciban su necesidad de salvación, ese es el mensaje bíblico, cristocéntrico y evangelístico tan necesario en la actualidad.

fuente: Aviva Octubre 2015 edición 17

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