OS HE PUESTO PARA QUE VAYÁIS Y LLEVÉIS FRUTO — Pbro José Carlos Vergara

No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca (Mateo 15:16)

L a evangelización es una responsabilidad y un privilegio compartido del cielo para quienes hemos conocido a Dios en nuestra vida y corazón, es una tarea que no podemos pasar por alto ante la gracia impartida por Cristo a su iglesia y ante el grito desesperado de los que aún no conocen el mensaje de esperanza del Salvador. De este pasaje de la Biblia aprendo que la elección para esta tarea es divina:

No me elegisteis vosotros a mí. Que la posición que hoy tenemos nos la ha dado Cristo cuando declaró: os he puesto. Tal vez antes de conocer a Dios, nos veíamos desempeñándonos en alguna otra actividad, lo cierto es que el mensaje de su Palabra nos alcanzó y hoy somos deudores de la gracia de Dios al mundo entero. Pero encuentro en este mismo pasaje que la indicación de Cristo para la evangelización demanda una acción o una actividad, cuando dice: para que vayáis. No podemos permanecer estáticos ante el imperativo divino y la enorme necesidad humana. Lo invito a escuchar algunas voces que nos recuerdan esta gran tarea de evangelizar.

La voz de Dios

Hay un mandato que viene del cielo: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). En el corazón de Dios está el deseo de que el mundo entero conozca su Palabra. Reconozcamos además, la autoridad de esta voz: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado (Mateo 28:18- 20). Quien da la orden es Cristo, su autoridad demanda una respuesta positiva e inmediata. Muchos esperan un llamado para incursionar en la evangelización; pero no se ocupa un llamado, ya que tenemos un mandato y un empoderamiento de Dios para hacer la tarea.

La voz interior que nos constriñe

Esta es la voz del Espíritu Santo de Dios en nuestra vida. Es la que se convierte en nuestra conciencia que nos dicta lo que debemos hacer. En esta tarea, la Biblia nos describe como deudores: A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1:14-16). Somos deudores desde el día en que conocimos a Cristo, cuando la luz del cielo nos resplandeció; desde entonces somos responsables por la evangelización del mundo entero. No se puede ocultar lo que el escenario bíblico muestra a la luz del día. No se puede encender la luz y ponerla debajo del almud, la recomendación del Señor es que la pongamos en alto para que alumbre a todos los que están en casa. El apóstol Pablo dijo que la tarea de la predicación del evangelio le era una necesidad impuesta, y añade: y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! (1 Corintios 9:16). La predicación del evangelio no puede ni debe ser vista como una gloria en la vida cristiana. Pablo no pasa por alto la grandeza del privilegio de la predicación, pero en este pasaje de la Escritura resalta la responsabilidad sobre el privilegio y la considera una obligación. Urge entonces, ganar a los perdidos para el reino de los cielos.

La voz exterior

Es la voz de los perdidos que claman por un mensaje de esperanza, la de la sociedad que necesita un mensaje diferente. Hoy prevalece un mensaje desalentador que no augura cosas buenas y ante un mundo impregnado de malas noticias urge que la predicación del evangelio muestre un camino diferente. Cristo dio muestras de su compasión por las almas perdidas. Compasión es ser conmovido hasta las entrañas, hasta el corazón, donde está el centro de nuestras emociones. Es sentirnos tan afectados por la necesidad de otros, que nos movemos a hacer algo. La compasión alcanza su máxima expresión cuando nos lleva a la acción. No podemos hablar de ser conmovidos si no hay una acción en nuestra vida hacia los perdidos. Necesitamos mirar con los ojos de Cristo, ver a las multitudes como el Maestro las vio. Multitudes que lloran y gritan por el peso del pecado y por la condición de vida que tienen a causa de vivir sin Jesús.

Las voces de abajo

Es la voz de los ya condenados en el infierno, que hasta el día de hoy siguen gritando, y desde allá tal vez desean que la iglesia de Cristo predique la Palabra y obedezca el mandato de la Gran Comisión. En Lucas 16:19-31 se cuenta la historia del rico y Lázaro, el médico resalta el gran interés con que el rico ruega para que sus cinco hermanos conozcan el mensaje de la Palabra de Dios. Él desea ver la salvación de sus hermanos, pide por los perdidos de su casa que son mayoría. El versículo 29 de este pasaje es una gran carga de privilegio y responsabilidad. A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos… Con cuánta razón dijo el escritor bíblico, somos deudores a griegos y a no griegos.

Conclusión

El hombre necesita oír del evangelio de Cristo para ser salvo, y esa tarea de proclamar las buenas nuevas ha sido encomendada a la iglesia: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Romanos 10:14). Que Dios nos ayude a entender que hemos sido puestos para que vayamos y llevemos mucho fruto

fuente: aviva 2015 edición 14

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