SEÑALES Y MILAGROS — Pbro. Abel Flores Acevedo.

L os milagros de Cristo fueron explicados como señales. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él (Juan 3:2).

Nicodemo observó el ministerio terrenal de Cristo y definió los milagros como señales inequívocas del único Dios verdadero. El poder de Jesucristo, sus maravillas y sus obras portentosas impactaron la vida de un hombre que se convirtió en un discípulo del Señor.

Por otra parte el testimonio del apóstol Pedro en su discurso en el día de Pentecostés afirma las señales como parte del evangelio. Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis (Hechos 2:22). Y el mismo Señor Jesucristo describe las señales como partes elementales que acompañan al evangelio cuando le responde a Juan el Bautista para quitarle la incertidumbre que tenía en el alma: Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio (Lucas 7:22).

Muchas personas no creyentes entregan su vida a Jesucristo al experimentar en su propia humanidad un milagro. Otros hacen de Cristo el Señor de su vida al ver las maravillas en gente cercana a ellos. El evangelio transforma vidas, cambia el corazón y bendice al ser humano. Las señales son parte integral del evangelio, son manifestaciones de la omnipotencia de Dios.

Siguiendo la trayectoria de las señales a través de las páginas de la Biblia, encontramos que las señales se multiplicaron después de la ascensión de Cristo a la diestra del Padre, se cumple puntualmente lo que nuestro eterno Salvador garantizó.

Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados (Hechos 5:12-16).

Las señales continuaron mediante el ministerio de los apóstoles. El evangelio cubría ciudades y aldeas cambiando la vida de hombres y mujeres de todos los niveles socioeconómicos. Pero lo más sobresaliente eran las señales (milagros, maravillas y prodigios) que acompañaban la evangelización tal y como lo había afirmado Cristo: Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echaran fuera demonios, hablaran nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán (Marcos 16:17, 18).

No sólo en la vida de Pedro sino también en el ministerio de otros discípulos las señales continuaron. Es admirable y glorioso observar el cumplimiento de las señales acompañando al evangelio. El libro de los Hechos describe la manifestación del poder del Señor certificando la palabra viva y eficaz. Esteban también aparece en la lista de ministros respaldados por Dios: Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo (Hechos 6:8). Felipe de igual forma ejerció su ministerio en Samaria compartiendo el evangelio y demostrando el poder de Dios. Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados (Hechos 8:6, 7).

Las señales y milagros no sólo fueron una realidad en la época de Cristo y de los apóstoles. ¡Hoy en día las señales seguirán!

Las señales de la iglesia actual son el plan de Dios para el mundo. Los milagros no quedaron limitados a la época de Jesucristo, Pedro, Esteban y Felipe. El poder de Dios está a nuestra alcance, las maravillas son para nosotros. El evangelio del Señor Jesús sigue siendo poderoso. La iglesia contemporánea debe desarrollar su fe y predicar apasionadamente las verdades divinas, sabiendo que Dios sigue siendo el mismo ayer, y hoy. Nada ni nadie puede impedir la manifestación de la gloria del Padre al ministrar en el nombre de Jesús.

Las señales y milagros son una bendición del sacrificio de Cristo: Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:5).

Cristo pagó el precio para que la humanidad recibiera la salvación en el Calvario, esto fue suficiente para borrar todo pecado y sanar toda enfermedad. Ninguna fuerza del mal puede frenar la bendición del sacrificio de Cristo en la cruz. Ni el infierno podrá detener el poder sanador de Cristo. Las señales seguirán a los que creen. Las obras de las tinieblas no tienen mayor autoridad que el nombre glorioso de Jesús. Ninguna fuerza humana o espiritual podrá contener las señales que acompañan al evangelio.

Cada ministro y cada iglesia deben redoblar esfuerzos para evangelizar sabiendo que el mismo Jesucristo tiene el poder y la autoridad para salvar y sanar a la humanidad.

fuente: aviva 2015 edición 15

 

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