UNA IGLESIA ESPIRITUAL — Pbro Jose M Saucedo Valenciano

De acuerdo a los principios paulinos la espiritualidad de la iglesia tiene que ver con aspectos esenciales en el carácter y en la expresión ética y práctica de los creyentes que la conforman.

  • La espiritualidad tiene que ver con la madurez.
  • La espiritualidad tiene que ver con el fomento de la unidad en la iglesia.
  • La espiritualidad tiene que ver con el espíritu sacrificial por el bien del cuerpo.
  • La espiritualidad tiene que ver con un espíritu restaurador.

Un repaso de la epístola Primera a los Corintios nos servirá para describir a la iglesia espiritual y sus características.

La iglesia espiritual tiene la dinámica del poder del Espíritu

La iglesia cuenta con incalculables riquezas espirituales cuando abunda en ella la buena palabra, que mediante la predicación y la enseñanza llena de conocimiento a los creyentes. La congregación disfruta de alimento bíblico, nutritivo y consistente. Es instruida, lo que resulta en solidez y vigor por la fuerza que la sana doctrina infunde en los fieles (1 Corintios 1:5). Como consecuencia de un adoctrinamiento integral, que incluye teoría y práctica, los miembros son llevados a la experiencia con Dios. El Espíritu Santo aporta con abundancia los dones espirituales, de forma que la vida de la grey sea dinámica, con diversas manifestaciones del poder y la gracia divinos para la edificación del cuerpo de Cristo (1:6).

Los ministros de una iglesia espiritual más que presumir sus recursos personales de índole intelectual o carismática, procuran someterse a la soberanía del Espíritu Santo, de modo que la gente no sólo sea impactada con la elocuencia de sus pastores, sino que tengan una experiencia transformadora con el poder de Dios. De este modo el cimiento de la fe de los creyentes tiene la solidez de la potencia divina y no la inconsistencia de la sabiduría humana (2:1-5).

No es que se niegue la importancia de la ciencia en la Palabra, de hecho es necesaria la conjugación del binomio conocimiento más unción, pero la doctrina de mayor peso deberá ser vertida a medida que la madurez de la congregación sea mayor y los creyentes tengan la capacidad de digerirla. La administración de los elementos superiores y profundos se hará conforme a la dirección del Espíritu mediante un discernimiento más desarrollado (2:6-15).

La iglesia espiritual tiene la fuerza de la virtud del Espíritu

La iglesia espiritual fundamentalmente practica la unidad del Espíritu. La armonía de los miembros es indispensable en las relaciones como hermanos en Cristo. Las divisiones lastiman al cuerpo y dañan el testimonio de la congregación, además de que desalientan la edificación (1:10). En un iglesia sana los ministerios sirven para unificar el cuerpo, no para fraccionarlo. Cuando la carnalidad domina se forman grupúsculos que compiten por la preeminencia de una figura ministerial sobre las demás. Amarran navajas entre los consiervos, sobrevaloran a uno y menosprecian a los otros. Unos preconizan al acadé- mico, como Apolos; otros al teólogo erudito, como Pablo; y hay quienes prefieren al varón de las señales, como Cefas; algunos para “evidenciar” mayor espiritualidad sólo reconocen a Cristo. En vez de darle gloria a Dios por el tesoro de la diversidad, lo convierten en factor de conflicto. La unidad de la congregación se afecta perdiendo el sentido del propósito divino al enviar a sus siervos y siervas a pastorear o enseñar a una grey (3:1-4).

Por supuesto que Cristo no está dividido y su cuerpo no debe estarlo. 1:13. Cada ministro tiene su llamado y su bagaje para cumplirlo (3:10). Como ungido tiene su fortaleza y sus dones los cuales aporta para el crecimiento de la iglesia. Como ser humano tiene sus debilidades y sus vacíos que, cuando viene otro a sucederlo, se hacen notar. La iglesia entonces recibe de aquél una parte de su edificación y de los gloria el Señor que da el crecimiento (3:1-9).

La iglesia espiritual mantiene un alto perfil de moralidad bajo la influencia santificadora del Espíritu

Las congregaciones carnales pueden llegar a un nivel de insensibilidad en el que el desorden y el pecado se practiquen sin ningún freno. En Corinto mantenían en plena comunión a un varón que tenía por mujer a la que lo había sido de su padre. Habían llegado a un nivel tan corrompido de conciencia, que hasta se jactaban de ello. Quizá presumían de su alto nivel de tolerancia, de su mente abierta o de su ilimitado amor cristiano para el pecador (5:1-3).

La iglesia espiritual tiene sentido de moralidad, procura lo justo, lo recto, lo que honra al Señor. Los valores y principios de la nueva vida en Cristo deben leudar nuestra conducta. La disciplina es parte de la praxis de una grey dirigida por el Espíritu (5:4-12). Los líderes de una congregación saludable procuran una ética noble en su grupo. Saben que los miembros pueden cometer errores de distinto nivel de gravedad. Algunos requerirán de una amonestación y una exhortación al cambio; otros demandarán la aplicación de una disciplina formal; y hasta pueden presentarse casos que ameriten expulsión. Si no existe arrepentimiento ni voluntad de sometimiento al orden, y la persona daña la unidad y la santidad del cuerpo sin reparo, no se le puede continuar dando participación en la comunión de la iglesia (5:2, 11, 13).

De hecho el sistema disciplinario de la iglesia tiene objetivos nobles como el de la restauración y la salvación de los ofensores (5:5), así como evitar que los conflictos que deben manejarse adecuadamente en el interior de la congregación vayan a parar entre los juzgados del mundo. La iglesia espiritual recibe de Dios juicio y sabiduría para atender los problemas de sus miembros a fin de que el testimonio ante los de fuera se mantenga en alto perfil (6:1-6).

La iglesia espiritual promueve la comunión del Espíritu en todas las esferas de la vida de sus miembros

La iglesia espiritual enseña a sus miembros a desarrollar discernimiento y espíritu de sabiduría (6:12; 10:23). Ellos saben que tienen la posibilidad de actuar de mil formas lícitas para beneficio propio, pero no buscan atajos legales para justificar su proceder, sino que procuran lo más conveniente, lo que aporte más al bien esencial, lo que ayude a cultivar el autocontrol, lo que honre y glorifique a Dios en el cuerpo y en el espíritu (6:12-20).

En la iglesia espiritual se procura la salud matrimonial y familiar. Se promueve la relación saludable integral entre los cónyuges. Se tratan los temas sexuales con seriedad y apertura para evitar en la medida de lo posible los problemas causados por la ignorancia y la confusión (7:1-5). Se reafirma el valor del matrimonio ante Dios y se promueve la fidelidad hasta la muerte (7:10-16).

En la iglesia espiritual se preconiza el amor sobre el conocimiento (8:1-3). El amor primero a Dios y luego al prójimo nos ayuda a tomar decisiones y a limitar nuestra libertad por causa de la conciencia de los demás. Somos capaces de privarnos de ciertos derechos o privilegios para evitar llegar a ser tropezadero para nuestros hermanos. No nos aferramos a nuestro poder legal sino al amor de Cristo con tal de que aun los más débiles permanezcan en la fe (8:9-13; 9:12).

El mayor bien que buscaremos es la edificación y el crecimiento de la iglesia. El bien propio se supedita al del prójimo (10:24). Nos importa la conciencia ajena y no sólo la propia, no somos esclavos de los deseos personales, sino siervos de Cristo que procuran la gloria de Dios (10:28-33). Con tal de cuidar la salvación de nuestros hermanos practicamos la abnegación y la abstinencia en muchos aspectos. Este es el espíritu sacrificial de Jesús (11:1).

La iglesia espiritual bajo la dirección del Espíritu procura la decencia y el orden en su liturgia

Sus programas se realizan con decoro. Se respetan los principios y las figuras de autoridad y se procura que el culto proyecte honor, reverencia y comunión (11:3-10). Hombres y mujeres cumplen con su parte en la adoración, la programación y el desarrollo del culto sin contiendas (11:11-16). La asamblea se congrega para lo mejor. La integración es la clave para que todos participen y todos reciban la debida edificación. La iglesia espiritual participa de los sacramentos de acuerdo a los mandamientos del Señor y la enseñanza apostólica (11:23). La práctica de los mismos apunta a la proclamación de la muerte, el señorío y la venida de Cristo (11:26). Se promueve la unidad del cuerpo a través de la Santa Cena y se enfatiza el aspecto corporativo de la iglesia sobre el individualismo de cada creyente en particular (11:29).

En la iglesia espiritual se equilibran las manifestaciones de poder con la procuración de la edificación corporativa. La ignorancia puede conducir al desorden, a la confusión y a la aberración (12:1-3). Toda la diversidad y la riqueza de las expresiones carismáticas proviene de Dios. El Padre, el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo ejecutan en cada creyente operaciones milagrosas para provecho tanto personal como eclesial (12:6, 7). A ninguno se le otorga lo que escoja, sino que soberanamente el Espíritu reparte a cada uno en particular (12:8-11).

La figura del cuerpo sirve para ilustrar el funcionamiento que requiere la iglesia. Se compone de multitud de miembros, cada cual es importante, todos se ayudan y se necesitan mutuamente. Se cuidan entre ellos, y hasta se procura mayor decoro para los miembros menos decorosos. Todo con el fin de mantener el principio del orden y la armonía en el cuerpo (12:12- 27). De este modo Dios ordenó el cuerpo y colocó a líderes y creyentes en posiciones y jerarquías, de tal modo que dones y ministerios sean utilizados para la edificación de la iglesia (12:28-31).

La iglesia espiritual tiene en el amor del Espíritu su principio rector

El camino más excelente, el del ágape, será el principio rector de las actividades, dones, ministerios y programas de la iglesia. Si andamos por él la espiritualidad se mantendrá en perfiles altos (12:32). El amor dará sentido a la expresión carismática, valor esencial al espíritu sacrificial para llevarlo del mero altruismo a una imitación genuina de Cristo (13:1-3). El amor descuella sobre toda expresión egocéntrica, sobre toda manifestación sobrenatural (13:4-7). Su carácter eterno lo eleva sobre los dones temporales; su plenitud lo alza sobre lo parcial (13:8-12). Su trascendencia alcanzará la realidad sublime, pues cuando venga lo perfecto el amor permanecerá (13:12, 13). Por eso la iglesia espiritual enfatiza en sus prédicas la preeminencia del amor e incluye en sus planes formas intencionales para que la comunión entre sus miembros sea entrañable.

Resulta una iglesia espiritual dinámica la que procura combinar el ágape con las expresiones de poder. Amor y virtud son una ecuación que resulta de gran edificación para el cuerpo de Cristo. Lenguas, profecía, ciencia, salmo, doctrina, revelación producen un efecto glorioso en el cuerpo porque todo se hace para edificación (14:26). La gente procura abundar en carismas no tanto para ostentar mayor virtud, sino por el afán de ser de bendición a su congregación (14:12). El que habla en lengua extraña pide en oración poder interpretarla a fin de que el oyente pueda nutrirse del mensaje y diga amén a la acción de gracias (14:13-17). En el culto es más importante la edificación del cuerpo que la personal (14:18, 19). Los profetas y los que hablan en lenguas sujetan sus espíritus, ordenan sus mensajes, controlan sus impulsos, a fin de evitar confusión y desorden y guardar la paz y la armonía (14:27-33). La decencia y el orden ante todo (14:39, 40).

La iglesia espiritual con la verdad del Espíritu defiende la sana doctrina

La teología es importante en la iglesia espiritual. No se deja que la herejía fermente a la membresía. Se defiende el evangelio, se afirma la predicación del mensaje original. Se cuida la doctrina porque es fundamental permanecer en ella para conservar la salvación. (15:1, 2). El cristocentrismo es determinante, la enseñanza sobre su persona, su doctrina y su obra, con énfasis en su muerte y resurrección es definitiva. Toda instrucción debe tener fundamento en las Escrituras. No se enseña sobre ideologías propias de los líderes, sino conforme a la verdad inspirada por Dios en la Biblia (15:3, 4). La esperanza de la transformación gloriosa de los hijos de Dios basada en la victoria de Cristo sobre la muerte alimenta la fe y vigoriza el aliento de los creyentes para continuar sirviendo al Señor (15:51-58).

La iglesia espiritual por la influencia del Espíritu valora y respalda el trabajo de los hombres y mujeres que sirven en la obra de Dios

La iglesia espiritual practica la generosidad con los santos en necesidad (16:1-3). Muestra nobleza y respaldo hacia los ministros itinerantes y los misioneros que le son de bendición (16:6). Extiende la mano para apoyar a los predicadores que ministran en la iglesia local. Brindan especial atención en la hospitalidad a los líderes de la obra (16:10, 11). Valora los ministerios locales. Se sujeta a los líderes que trabajan con ahínco en la obra del Señor (16:15-18). Tienen en gran honra a sus pastores, facilitan la tarea de los obreros de casa.

Conclusión

La iglesia carnal y la espiritual reciben de Dios los mismos beneficios, recursos abundantes para su edificación y el cumplimiento de su misión. Ministerios, dones, sacramentos, doctrina, son factores comunes en ambos casos. La diferencia es que en la primera lo que debería ser para bendición resulta en problema a causa de su inmadurez. Su espíritu infantil echa a perder los proyectos de bien, provoca divisiones y frena la dinámica del Espíritu. La segunda aprovecha cuanto se le otorga de parte del Señor para cultivar la unidad en el vínculo perfecto del amor. Su madurez en el discernimiento y su disposición al servicio encausan todo hacia la gloria de Cristo y a la integración de su cuerpo. El Espíritu divino dirige y la congregación se mueve en el poder y la virtud del Consolador

fuente: Aviva Octubre 2015 edición 17

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